El proceso de fundición es un paso fundamental en la producción de fundición y tiene un impacto directo en la calidad interna y externa de las piezas. El proceso de fundición implica controlar múltiples parámetros, incluida la temperatura de vertido, la velocidad de vertido y el tiempo de vertido.
La selección de la temperatura de vertido debe determinarse en función del tipo de material y de las características estructurales de la pieza. Las temperaturas de vertido excesivamente altas pueden provocar defectos como porosidad y cavidades de contracción dentro de la pieza; por el contrario, temperaturas de vertido excesivamente bajas pueden dar como resultado un flujo deficiente del metal fundido, impidiendo que se llene toda la cavidad del molde.
Controlar la velocidad y el tiempo de vertido es igualmente importante. La velocidad y el tiempo de vertido adecuados garantizan que el metal fundido fluya suavemente hacia el molde y llene toda la cavidad, lo que reduce los remolinos y las salpicaduras, lo que reduce la probabilidad de defectos internos en la pieza.
